jueves, 12 de mayo de 2011

Amo el amor de los marineros
que besan y se van.

Dejan una promesa.
No vuelven nunca más.

En cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.

(Una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar.)

Él era un marinero, pero ni me besa, ni se va... porque creo que jamás llegará, no es de aquellos que miran las piernas a una joven, él no me mira, ni me miró, y yo, al ser mujer, jamás me mirará.


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