lunes, 16 de mayo de 2011

Mi profesora de taller de teatro integral, dio una tarea: analizar un espacio que uno lo sienta propio, desde un punto de vista diferente. Sólo nos dijo eso... hoy, me puse a pensar justamente en ello... mirar desde un punto de vista diferente... y acabé, como siempre, en algo totalmente diferente. Estaba en el paradero, esperando la J-11, me sentía mal, mi cabeza daba vueltas, se me movía el piso, la micro llegó, y era de las antiguas, esas que tienen todos los asientos ubicados en dirección de la marcha, uno detrás de los otros. Este tipo de locomoción me incomoda un poco, simplemente por maña, me encanta ir en contra de la dirección de la micro, para apreciar de mejor manera el paisaje, ver la cara de los conductores, los automóviles, las personas caminando, riendo, corriendo... ¡PAM! ahí llegó mi "momento de iluminación" (?): ¿Por qué siempre escojo esos asientos? ¿Por qué me hacen sentir más cómoda? ay dios!, la mezcla entre Portishead, Calle 13 y Regina Spektor me hizo caer en un abismo vacío, mortuorio y decadente... será que esto es la expresión de mi temor al futuro? Y mi respuesta fue rotunda: Sí. Siempre le he temido al futuro, jamás hago planes para más de 2 años, actualmente sólo me planteo hasta fin de semestre, ¿estaré viva para disfrutarlo?. Hay algo en mi que no quiere mirar más allá, algo, ese algo me tiene ciega, lo peor de todo esto... es que fui yo la que se colocó aquella venda en los ojos. Y no me la quiero sacar.

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