Santiago me muestra su cara sucia, horrible, segregada, pero:la belleza se esconde en eso.Hoy conocí el Mercado Central, caminé mucho junto a mi fiel acompañante. Descubro en Santiago, un algo que me enamora cada vez más, ese algo que te hace odiar, pero que te hace amar, que te hace sonreir y al mismo tiempo llorar. Vengo de una ciudad pequeña, donde todos se conocen, se saludan... Llegué hace dos años a un lugar asqueroso, digno de ser llamado Santiasco: viajes largos en incómodas micros; personas malhumoradas, violentas e incapaces de dar ayuda a un desconocido.
Increíblemente es una vendida de poma!, te hacen creer que es lo peor de la vida, y no, no lo es.
Mi corazón no pertenece a esta ciudad, y al mismo tiempo no me siento dueña del lugar donde nací, soy un alma itinerante, vago de acá para allá y de allá para acá, mi alma le pertenece al viento, y mis pies hacen caso omiso a mapas y direcciones: serán mis ojos los encargados de llevarme, de guiarme por lugares atractivos y no tanto, quiero descubrir el mundo a través de mis sentidos.
Me declaré Bruja... pero hoy... ¡Siento que me hace falta una escoba voladora!

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